La adaptación local de las recomendaciones internacionales es una práctica ampliamente asumida en numerosos sectores estratégicos como la seguridad vial o la protección civil, donde los consensos internacionales establecen principios generales mientras que para su trasposición regional es imprescindible analizar detenidamente la legislación, los recursos y los riesgos específicos locales.
En este sentido, la práctica de la medicina clínica no es una excepción y la literatura científica reciente ofrece múltiples ejemplos en los que la adaptación de guías clínicas internacionales a contextos regionales o nacionales mejora su aplicabilidad y facilita su implementación sin comprometer la validez científica, especialmente cuando existe heterogeneidad significativa en recursos, estructuras sanitarias y valores culturales entre distintos entornos.
Dentro de estas guías clínicas, las recomendaciones internacionales en reanimación cardiopulmonar (RCP) constituyen una herramienta fundamental para la mejora de la supervivencia en pacientes pediátricos y neonatales. En este sentido, el International Liaison Committee on Resuscitation (ILCOR) ha desarrollado sus nuevas recomendaciones en 20251,2 a través de un proceso metodológico basado en la identificación de preguntas clínicas relevantes, la evaluación crítica de la evidencia disponible mediante revisiones sistemáticas y el uso de marcos estandarizados de gradación de la evidencia.
Este proceso cristaliza en las Consensus on Science with Treatment Recommendations (CoSTR), marco de referencia global cuyo impacto clínico real depende de su interpretación e implementación en sistemas sanitarios concretos, teniendo en cuenta factores organizativos, recursos disponibles y características locales.
Las guías ILCOR no son directivas clínicas estrictas, sino recomendaciones de consenso científico sobre prácticas eficaces. En este sentido, el propio ILCOR reconoce de forma explícita las limitaciones inherentes a la evidencia en la gran mayoría de aspectos relacionados con la RCP, que deriva en su mayor parte de estudios observacionales y tiene áreas muy relevantes de incertidumbre. Además, la parada cardiaca puede presentarse en un amplio abanico de contextos asistenciales y atenderse por personas con diferente formación, desde ciudadanos legos a profesionales sanitarios expertos en cuidados críticos.
Tras la publicación de las recomendaciones ILCOR 2025, diversas sociedades científicas internacionales han desarrollado guías adaptadas a su ámbito de influencia, entre ellas organizaciones nacionales como la Sociedad Española de Neonatología (SENEO), o el European Resuscitation Council (ERC) y la American Heart Association, que han adoptado y contextualizado las guías de actuación según la evidencia dentro de marcos organizativos y asistenciales propios de cada país o región. Sin embargo, estas adaptaciones se dirigen a continentes o amplias áreas geográficas que engloban sistemas sanitarios muy diversos, con diferencias sustanciales en recursos, organización de la atención, perfiles profesionales y modelos formativos. En consecuencia, aunque estas guías regionales representan un paso imprescindible en la traslación del consenso ILCOR, no pueden contemplar de forma específica las particularidades de cada país, lo que refuerza la necesidad de desarrollar adaptaciones nacionales que traduzcan la evidencia internacional a entornos asistenciales concretos y homogéneos.
Nuestro sistema sanitario presenta características propias que condicionan de manera directa la atención a la parada cardiorrespiratoria pediátrica y neonatal. Entre ellas destacan la organización descentralizada de la asistencia sanitaria, la variabilidad en los recursos disponibles entre comunidades autónomas, la estructura de los servicios de emergencias extrahospitalarias, y el papel predominante de la atención hospitalaria pública. Asimismo, la distribución de competencias entre pediatras, neonatólogos, médicos de urgencias, personal de enfermería y otros profesionales sanitarios influye de forma decisiva en la respuesta a la emergencia vital.
En este sentido, es de agradecer el esfuerzo realizado por los autores de los dos documentos publicados en este número de Anales de Pediatría.
Por un lado, el trabajo del Grupo Español de Reanimación Cardiopulmonar Pediátrica y Neonatal analiza críticamente las recomendaciones ILCOR 2025 en RCP pediátrica y propone modificaciones orientadas a simplificar los algoritmos, facilitar el aprendizaje y mejorar su aplicabilidad práctica en el contexto español, algo que resulta de capital importancia en la parada cardiorrespiratoria pediátrica extrahospitalaria en España que continúa siendo un evento infrecuente pero con una supervivencia muy limitada, lo que plantea retos específicos en términos de reconocimiento precoz, activación de sistemas de emergencia y formación de primeros intervinientes3.
Por otro, la Guía Española de Estabilización y Reanimación Neonatal 2026, elaborada por el Grupo de Reanimación Neonatal de la SENEO, desarrolla un posicionamiento nacional estructurado que integra la evidencia internacional con factores organizativos, recursos disponibles y consensos profesionales propios de nuestro sistema sanitario, ya que la mayor parte de las reanimaciones tienen lugar en salas de parto y unidades neonatales con personal especializado, lo que difiere de otros entornos intrahospitalarios que precisen atención pediátrica o neonatal fuera del paritorio, se recogen las actuaciones en el Plan de prevención y atención a la parada cardiorrespiratoria intrahospitalaria pediátrica y neonatal, donde la atención inicial puede recaer en profesionales menos entrenados4,5.
Ambos documentos ponen de manifiesto que las recomendaciones ILCOR 2025 constituyen un marco científico imprescindible, pero que su impacto clínico real depende de un proceso riguroso de adaptación local, condición esencial para garantizar homogeneidad, seguridad y calidad en la atención a niños y recién nacidos.
En conclusión, las recomendaciones ILCOR 2025 constituyen una base científica sólida e imprescindible para la reanimación pediátrica y neonatal. No obstante, su verdadero valor reside en la capacidad de cada país para adaptarlas de forma inteligente y realista a su propio entorno sanitario. En España, este reto representa también una oportunidad: la de fortalecer la cooperación entre profesionales, mejorar la formación, reducir la variabilidad asistencial y, en última instancia, aumentar la supervivencia y la calidad de vida de niños y recién nacidos que necesitan una RCP avanzada. La adaptación no es una opción, sino una responsabilidad colectiva para la que estos dos artículos supondrán una ayuda de inestimable valor.


