Este año 2026 se cumple el 50.o aniversario de la constitución de la actual Sociedad Española de Cuidados Intensivos Pediátricos (SECIP), sociedad pediátrica integrada en la Asociación Española de Pediatría (AEP), lo que nos parece un buen momento para la celebración y también para la reflexión. Durante estos 50 años ha evolucionado en su crecimiento y desarrollo, así como en la repercusión que ha generado en la atención a la población española de niños gravemente enfermos. Las unidades de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) garantizan en nuestro país la calidad de la asistencia médica a los niños con enfermedades más graves.
Inicio de la asistencia intensiva pediátrica en EspañaLas primeras UCIP se crearon en España en el año 1968 en el Hospital Infantil Valle de Hebrón (Barcelona) y al año siguiente, en 1969, en el Hospital Infantil La Paz, en Madrid, inicialmente como unidad de cuidados intensivos neonatales quirúrgicos (CINQ). En aquellas etapas iniciales comenzaban su actividad las nuevas UCIP en los hospitales de la Seguridad Social de Bilbao, Valencia, Sevilla, Clínicos de Barcelona, Granada, Santiago de Compostela, Niño Jesús y Gregorio Marañón de Madrid y el de San Sebastián. Muy pronto, en la década de los años 70, el número de las UCIP aumentó de forma espectacular en los nuevos hospitales pediátricos. En la más reciente actualización de datos, se contabilizan en España 52 unidades de cuidados intensivos pediátricos de todos los niveles1.
No solamente aumentaron el número de las UCIP y de los intensivistas pediátricos en nuestro país, sino que su mera puesta en funcionamiento generó de forma progresiva una nueva forma de organizar los hospitales pediátricos, al concentrar la asistencia a los niños más graves en un área concreta de los mismos, lo que a su vez facilitó una nueva visión de la organización hospitalaria basándola —a partir de entonces— en gradientes asistenciales, concentrando medios materiales y recursos humanos especializados en las UCIP, permitiendo no solo mejorar la calidad de los tratamientos a estos pacientes, sino también mejorar la gestión del hospital al poder reducir recursos asistenciales en otras plantas del mismo. El desarrollo de los cuidados intensivos pediátricos se ha producido en paralelo al de la cirugía compleja en el paciente pediátrico, permitiendo unos cuidados postoperatorios de calidad, con implementación de terapias de soporte cada vez más avanzadas, necesarias para conseguir los resultados beneficiosos deseados. Todos estos factores han contribuido, sin duda, al importante descenso de la mortalidad infantil en nuestro medio. Si nos atenemos a los datos del INE (figs. 1 y 2), observamos que tanto la mortalidad en niños menores de 5 años como la mortalidad neonatal han experimentado un notable descenso desde 1975.
La aparición de la asistencia intensiva pediátrica tuvo por tanto una doble relevancia: la más importante fue la mejora indiscutible de la calidad de la asistencia a los pacientes clínicamente más comprometidos y la segunda, mejorar la gestión de recursos humanos y materiales con una evidente repercusión de ahorro económico.
Creación de la sociedad científicaAnte la necesidad de promocionar y coordinar las actividades de estos especialistas pediátricos, el 16 de julio de 1976, cuatro de ellos, pioneros de esta asistencia en España en aquellos momentos: Xavier Allúe (Bilbao), Juan Iglesias (Barcelona), José Luís Manzano (Valencia) y Francisco Javier Ruza (Madrid), solicitaron por escrito al profesor Ernesto Sánchez Villares (presidente de la AEP) la creación de la «Sección de Cuidados Intensivos Pediátricos» de la AEP. La AEP, sociedad que agrupaba a pediatras de toda España, comenzaba entonces una apertura hacia la creación de secciones de trabajo especializadas dentro de la pediatría. En ese escrito, los solicitantes fundamentaban su propuesta en que: a) ya existían UCIP dentro de los hospitales y servicios pediátricos de nuestro país, trabajando de forma integrada dentro los mismos; b) reunían los requisitos técnicos y científicos que justifican una especialidad; c) había la necesidad de aunar esfuerzos para mejorar los resultados asistenciales; d) los cuidados intensivos a los niños (CIP) era una auténtica práctica pediátrica centrada en las situaciones de enfermedades graves y se debía realizar dentro de la pediatría; e) aceptaban las normas que regulaban las secciones que por entonces estaba incorporando la AEP; f) los asociados de esta sección admitían ser miembros de la AEP; g) solicitaban querer participar en la revista oficial de la AEP: Anales Españoles de Pediatría para poder difundir conocimientos, protocolos, etc., de la especialidad mediante editoriales, artículos, informes, etc.; h) la sección de CIP se comprometía a regular el acceso de los pediatras a la especialidad.
En la solicitud iba implícito que el ámbito de actuación de la especialidad era el hospitalario y que la atención al niño críticamente enfermo tenía que ser integral de todo el paciente. Durante el XIV Congreso de Pediatría de Barcelona, en 1976, se aprobó la constitución de esta sección especializada.
En 1996, veinte años después, el crecimiento y desarrollo de los cuidados intensivos pediátricos en nuestro país fue de tal magnitud, que la sección especializada inicial se transformó en Sociedad Española de CIP (SECIP). En ella se integró el Grupo Pediátrico de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SEMIUC). Con ello se aunaron en una única sociedad científica todos los intensivistas pediátricos españoles, haciendo de la SECIP la representante genuina de este tipo de asistencia a los niños.
Una de las tareas lideradas por las diferentes juntas directivas de la SECIP, derivada de la necesidad de cumplir sus objetivos, ha sido la elaboración de informes técnicos (cuatro hasta la actualidad), documentos marco destinados a difundir las bases conceptuales de nuestra especialidad, establecer los requisitos organizativos necesarios para la implementación de nuevas unidades y diseñar el itinerario formativo del intensivista pediátrico. Los aspectos formativos han sido tratados también con amplitud en el anexo 1 de la última edición del Libro Blanco de las especialidades pediátricas dedicado a la Medicina Intensiva Pediátrica1–5.
Sociedades de cuidados intensivos pediátricos (CIP) internacionalesPronto, las inquietudes que generaron la creación de sociedades científicas a nivel de cada país impulsaron la formación de sociedades internacionales.
En Europa, se inició con sencillez una agrupación de intensivistas pediátricos que reunía a los escasos especialistas pediátricos que en aquellos momentos realizaban esta asistencia. Este grupo inicial se denominó Club: European Club of Pediatric Intensive Care. Le cabe el honor a España el haber iniciado este Club durante el XIV Congreso Nacional de Pediatría de Barcelona en 1976 —al que habían acudido como ponentes algunos intensivistas pediátricos de otros países— y así, hacer coincidir el inicio de este Club con el de nuestra sección de CIP de la AEP. En el European Club of PIC intervenían intensivistas pediátricos de 10-12 naciones europeas. Se realizaban reuniones rotatorias por los diferentes países, intercambiando experiencias y conocimientos, a la vez que se estimulaba la incorporación de nuevos miembros y la creación de nuevas UCIP. Este Club fue el núcleo original potenciador de la que pasados 10 años (1986) se transformó en una auténtica sociedad científica internacional: European Society of Pediatric Intensive Care (ESPIC), que en 1998 cambió su denominación a European Society of Pediatric and Neonatal Intensive Care (ESPNIC).
La ESPIC dinamizó la función y actividades del anterior Club, al que añadió la promoción de esta especialidad a nivel internacional. Al Dr. Ruza, miembro fundador y vicepresidente de la primera junta directiva, se le encomendó promocionar la asistencia intensiva pediátrica en España y en Portugal, incluyendo posteriormente a toda Latinoamérica.
Acorde con este compromiso, durante muchos años realizó múltiples viajes por esos países dando cursos y participando en congresos y simposios sobre CIP e igualmente, ampliaron su formación muchos de sus especialistas pediátricos en el Hospital Infantil La Paz.
En 1992 se constituyó la Federación Mundial de CIP: World Federation of Pediatric Intensive Care (WFPIC), con lo que se culminó la representatividad de nuestra especialidad en todo el planeta. En 1995 se creó también la Sociedad Latinoamericana de Cuidados Intensivos Pediátricos (SLACIP), que contó desde el inicio con la colaboración de la SECIP.
La SECIP en la actualidadLa SECIP cuenta hoy con más de 630 miembros asociados; la mayoría participa en uno o más de los 17 grupos de trabajo que están actualmente activos y que se han constituido en el verdadero motor de la sociedad, promoviendo trabajos de investigación y actividades formativas en cursos y talleres monográficos de las más diversas técnicas y temáticas relacionadas con nuestra especialidad, además de elaborar propuestas para discusión y debate en los congresos anuales, que reúnen a más de 300 profesionales.
Además, la SECIP organiza y financia un curso para residentes de pediatría con interés en realizar una formación más especializada en intensivos pediátricos. Y más recientemente, la SECIP ha contribuido al fomento de los aspectos de investigación y formativos, con la puesta en marcha de una revista propia, de acceso abierto y bilingüe, Pediatría Críticahttps://revistapediatriacritica.com, y un Máster de Fundamentos de Cuidados Intensivos Pediátricos http://mastersecip.com, que están teniendo una importante aceptación en todo el ámbito de lengua española.
La SECIP presentó hace más de tres años la documentación necesaria para solicitar la creación de Medicina Intensiva Pediátrica como Área de Capacitación Específica (ACE), conforme a la legislación vigente6,7. Sin embargo, por diferentes motivos, nada se ha avanzado en este sentido. La falta de desarrollo de las ACE ha impedido, hasta el momento, la posibilidad de obtener un título de intensivista pediátrico con validez oficial.
Esta carencia ha sido suplida, dentro de lo posible, por la certificación emitida por la SECIP y avalada por la AEP a los pediatras que demuestran una dedicación continuada y acreditan la formación necesaria en nuestra especialidad.
Obtener el reconocimiento oficial de nuestra especialidad es uno de nuestros retos pendientes, pero no el único y no el más importante. Garantizar una atención eficaz e integral al niño gravemente enfermo seguirá siendo nuestro principal desafío, como lo ha sido desde el principio. Para ello debemos conservar la ilusión de los pioneros, pero utilizando inteligentemente todos los recursos que puedan fortalecer nuestra competencia clínica, en un entorno humanizado y sin perder de vista nuestro compromiso ético.




