La pérdida de atracción de la especialidad de Pediatría en los últimos años es una realidad y un problema que debe hacernos reflexionar como sociedad científica1.
No se trata solo de un problema que afecte a la Pediatría en España y que va más allá de la situación de la Atención Primaria, la carga de las guardias de 24 horas o del reconocimiento de las especialidades2. En el sistema de asignación de plazas en 2024 en EE. UU. la Pediatría obtuvo sus peores resultados en los últimos 30 años y en algunas especialidades como la Endocrinología Pediátrica solo se cubrieron en el 50% de las plazas ofertadas3.
El problema comienza en las facultades de Medicina en la que quizá nuestra especialidad no ha sabido captar igual de bien que otras los grandes cambios tecnológicos que caracterizan la Medicina de hoy. Tampoco el programa formativo de Médicos Internos Residentes (MIR) ayuda – última versión de 2006,- muy alejado de las necesidades de la atención pediátrica del siglo XXI. La incidencia de enfermedades infecciosas agudas ha disminuido de forma sustancial, mientras que la prevalencia de patologías crónicas y condiciones complejas ha aumentado. Como consecuencia, la fuerza laboral pediátrica se ha bifurcado en dos ámbitos funcionales: los pediatras de Atención Primaria, centrados en actividades de promoción de la salud, prevención y seguimiento longitudinal, y los pediatras hospitalarios, dedicados a la atención de pacientes con patologías agudas, complejas o que requieren cuidados especializados en el entorno intrahospitalario. La complementariedad de ambos niveles, por lo general, está lejos de lo deseable.
En esta reflexión debe incluirse si el modelo de formación en los pediatras generalistas debe ser distinto del de los subespecialistas pediátricos, en qué áreas potenciar la formación del especialista en Atención Primaria (Salud Pública, salud mental, relaciones con el ámbito educativo, etc.), entre otras. Un buen modelo puede ser el de la Association of Medical Schools. Pediatric Departmet Chairs4, donde se señalan algunas de las razones que sustentan la inversión en salud infantil y en especial en la formación de pediatras especialistas. El reto central para conseguir buenos residentes de Pediatría hoy no es solo atraer talento, sino formarlo en un entorno que ha cambiado radicalmente. La Pediatría actual exige competencias clínicas, comunicativas y emocionales que no siempre se desarrollan de forma equilibrada en los programas de formación.
Es tiempo de juntar a la Administración (Consejo Nacional de Especialidades), facultades de Medicina (Conferencia Nacional de decanas y decanos de facultades de Medicina españolas) y las principales Sociedades de Pediatría de España para establecer un plan conjunto de acción que pasa por un análisis realista de la formación en Pediatría y sobre lo que la sociedad demanda de los pediatras de hoy y un cronograma claro de acción. Si no, como señalan Andina et al.: «existe el riesgo de que en futuras convocatorias queden plazas vacantes sin cubrir»1.
FinanciaciónPara la publicación de este artículo el autor no ha recibido ningún tipo de financiación.
Conflicto de interesesEl autor señala que no tiene ningún conflicto de intereses con relación al manuscrito.


