Niña de 7 años en estudio por diarrea crónica y episodios intermitentes de rectorragia de un año de evolución. En la evaluación inicial destacaba una discreta elevación de la calprotectina fecal (máximo 118,2μg/g), por lo que se decidió completar el estudio mediante endoscopia digestiva alta e ileocolonoscopia.
Ambos procedimientos se realizaron bajo sedoanalgesia con propofol y fentanilo, sin incidencias. Durante la retirada del colonoscopio, se observaron en colon descendente, varias lesiones submucosas de coloración violácea, no presentes durante la progresión inicial (fig. 1)1,2. La paciente permaneció clínicamente estable y el control analítico no evidenció anemización ni alteraciones de la coagulación.
La tomografía computarizada abdominal y la ecografía mostraban múltiples imágenes nodulares dependientes de la pared colónica (fig. 2)3. A las 48 h presentó un episodio aislado de rectorragia autolimitada. Ante la sospecha de hematomas submucosos colónicos de origen yatrogénico se optó por manejo conservador1,2, objetivándose resolución progresiva.
Imagen de TC: imágenes nodulares/polipoides dependientes de la pared endoluminal del colon izquierdo de hasta 3,5×2,5cm. Ecografía: engrosamiento mural del colon en la unión del colon sigmoide y descendente (la pared alcanza un espesor de 0,4cm) en posible relación con el hematoma referido.
La colonoscopia es una herramienta diagnóstica fundamental y ampliamente utilizada en pediatría, con un perfil de seguridad elevado, aunque no exento de complicaciones. Los hematomas submucosos colónicos constituyen una entidad excepcional, habitualmente relacionada con traumatismos durante la exploración, aunque puede presentarse incluso sin manipulación evidente. Su reconocimiento endoscópico permite evitar intervenciones innecesarias.




