Niña de 3 años que consultó por otalgia, signos inflamatorios retroauriculares y protrusión auricular (fig. 1), sin fiebre ni clínica sugestiva de otitis media aguda.
El diagnóstico inicial en el servicio de urgencias pediátricas fue de otomastoiditis. Debido a la respuesta deficiente al tratamiento antibiótico empírico, se realizó una evaluación otorrinolaringológica que confirmó el diagnóstico de pericondritis, modificándose el tratamiento. El deterioro clínico acompañado de inflamación retroauricular motivó la realización de una tomografía computarizada, que confirmó la presencia de pericondritis auricular complicada por un absceso retroauricular (fig. 2). El drenaje quirúrgico reveló un seno preauricular, con aislamiento de Staphylococcus lugdunensis. Tras ajustarse la antibioterapia, se observó resolución clínica completa en 2 semanas.
La pericondritis auricular debe considerarse en los pacientes con signos inflamatorios del oído externo, y se distingue de la celulitis por la falta de afectación del lóbulo1,2. No suele presentar signos sistémicos ni elevación de marcadores inflamatorios, a diferencia de la otomastoiditis. Los traumatismos penetrantes, especialmente los piercings en las orejas, son la etiología más común, aunque también pueden estar implicadas las picaduras de insectos1,2. Los gérmenes involucrados con mayor frecuencia son Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus1,2.
Ante el deterioro clínico o la falta de respuesta al tratamiento antibiótico, debe sospecharse un absceso retroauricular2,3. Las anomalías congénitas, como el seno preauricular, predisponen a la formación recurrente de abscesos al servir como puerta de entrada para la infección3.
El retraso diagnóstico puede provocar necrosis del cartílago auricular, lo que pone de relieve la necesidad de un reconocimiento precoz y tratamiento antibiótico adecuado1–3.




