Anales de Pediatría ha publicado un artículo especial con el título «Efectos de los medios digitales en la salud física y el desarrollo», bajo la autoría de MA Salmerón-Ruiz, et al.1 El artículo describe el uso de las pantallas y su impacto sobre la salud y el desarrollo y emite una serie de recomendaciones.
El artículo aborda un asunto de importancia vital, dado el extendido uso de los dispositivos digitales, particularmente en la infancia y la adolescencia. Esta problemática ha generado, también, reacciones en el Colegio de Médicos de Barcelona (CoMB)2, entre otras entidades.
Sin embargo, creemos que el artículo de Salmerón-Ruiz et al. tiene algunas limitaciones fundamentales, que también hemos observado y descrito en el documento del CoMB3. Por ejemplo, el artículo cita Ponti 20234 para afirmar la relación entre un mayor tiempo de pantalla y dificultades de atención sostenida en la niñez (página 5, párrafo 2). Sin embargo, Ponti 2023 cita un estudio según el cual «el entrenamiento usando tabletas con un juego educacional puede fortalecer la atención sostenida en los niños entre 3 y 4 años» (la traducción es nuestra); y más adelante afirma que las evidencias sobre la asociación entre tiempo de pantallas y las dificultades de atención son inconclusas.
De hecho, la ausencia de referencias a los potenciales beneficios del uso de pantallas nos hace sospechar que exista un sesgo en la selección de la evidencia. La afirmación de Salmerón-Ruiz et al., en el sentido de que «el sistema educativo de la mayoría de los países introdujo los medios digitales en la enseñanza, sin evidencia científica suficiente que demostraran beneficios en el aprendizaje», no está substanciada y creemos que responde, en gran medida, a ese sesgo.
Otro aspecto a resaltar es la mezcla de la evidencia sobre asuntos tan dispares como son la televisión, los teléfonos, los videojuegos, las redes sociales y el acceso a Internet. Nos parece que las evidencias sobre estos distintos asuntos no son superponibles ni suficientemente homogéneas como para no exigir un análisis individualizado de cada asunto.
No podemos estar más de acuerdo con la conclusión de Salmerón-Ruiz et al., cuando afirman que «sería recomendable que las decisiones en el sistema educativo se tomasen en función de la evidencia científica, con estudios que demuestren que la implementación de una determinada medida genera un beneficio». Sin embargo, el mismo artículo lista una serie de recomendaciones que no parecen estar apoyadas por evidencias sobre sus beneficios: algunas recomendaciones son genéricas e independientes del entorno digital (p. ej. «dieta saludable»), otras son obvias (p. ej. «el pediatra debería conocer la problemática»), otras no están sustentadas en un proceso para que sean factibles (p. ej. «alentar a los padres a participar de manera proactiva en la limitación del uso de los dispositivos en la familia»); y alguna otra es paradójica (p. ej. «evitar el uso de las pantallas para el desarrollo de las competencias digitales»).
En conclusión, alentamos a que los futuros esfuerzos para generar guías o recomendaciones basadas en la evidencia usen un abordaje sistemático y transparente, minimizando el riesgo de sesgos en la selección e interpretación de la evidencia.


