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Vol. 81. Núm. 1.
Páginas 61-62 (Julio 2014)
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Carta al editor
DOI: 10.1016/j.anpedi.2013.10.032
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Utilidad de la procalcitonina para la prescripción antibiótica y la sospecha de bacteriemia en urgencias
Usefulness of procalcitonin for prescribing of antibiotics and suspicion of bacteremia in the emergency department
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A. Julián-Jiméneza,??
Autor para correspondencia
, J. González del Castillob, F.J. Candel-Gonzálezc
a Servicio de Urgencias, Complejo Hospitalario de Toledo, Toledo, España
b Servicio de Urgencias, Hospital Universitario Clínico San Carlos, Madrid, España
c Servicio de Microbiología Clínica, Hospital Universitario Clínico San Carlos, Madrid, España
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An Pediatr (Barc). 2014;81:62-310.1016/j.anpedi.2013.12.001
S. Hernández Bou, J.J. García García
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Sr. Editor:

Hemos leído con gran atención los interesantes manuscritos de Borrás Novel et al.1 y de Piñeiro Pérez et al.2, recientemente publicados en Anales de Pediatría. Apreciamos y valoramos ambos trabajos, que ponen de manifiesto la importancia de conocer la prevalencia de las enfermedades infecciosas que son atendidas en los servicios de urgencias (SU), la indicación y adecuación de la terapia antimicrobiana, el uso de estudios microbiológicos empleados y la importancia del seguimiento de las guías de práctica clínica (GPC) para disminuir la variabilidad y mejorar la prescripción de los antimicrobianos. Estamos de acuerdo con todas estas afirmaciones, pero echamos de menos el incorporar los biomarcadores de inflamación e infección (BII), fundamentalmente la procalcitonina (PCT), como herramientas muy útiles en el SU a la hora de valorar y sospechar los episodios de infección bacteriana grave (y/o posible bacteriemia), tal y como se recomienda y utiliza de forma protocolizada en adultos3. La PCT ha sido incluida en la valoración en el SU de los pacientes adultos (y pediátricos)4 y en distintas GPC de los pacientes con fiebre sin foco y sospecha de bacteriemia, sepsis, sepsis grave y shock séptico, neumonía grave, sepsis de origen urológico o incluso para decidir si se debe ingresar o no al paciente (en hospitalización o en la unidad de cuidados intensivos)3. Además, en los últimos años, ha crecido el número de publicaciones que recomiendan el uso de la PCT como guía para iniciar, cambiar o terminar una terapia antibiótica, con seguridad para los pacientes de todas las edades y beneficios para el sistema y el nicho ecológico, al disminuir la presión antibiótica y la posibilidad de aparición de resistencias3,5. Tal y como comentan en su artículo Borrás Novell et al.1, la neumonía, la infección urinaria y la fiebre sin foco o la sospecha de bacteriemia son las causas más frecuentes de ingreso por infección e indicación de terapia antibiótica desde el SU. En un reciente estudio en adultos, diseñado de forma muy parecida al de Borrás Novell et al. (descriptivo, transversal, en 49 SU durante los días 10 y 20 de cada mes, durante 12 meses consecutivos), Martínez Ortiz de Zárate et al.6 también señalan las mismas causas más frecuentes de ingreso con prescripción antibiótica en los enfermos adultos. Se prescribieron antibióticos en el 27,3% de los pacientes pediátricos ingresados desde el SU y dentro de este subgrupo se solicitaron hemocultivos en el 69,9% de los casos1 (mientras que en los adultos solo se obtienen hemocultivos en el 14,6% de los casos en los que se prescriben antibióticos)6. Es conocido que la rentabilidad final de los hemocultivos extraídos en el SU es menor del 5% en los SU pediátricos7 y en torno al 10% en los pacientes adultos8. Como el procesamiento de los hemocultivos tiene por objeto confirmar o descartar la existencia de bacteriemia, en la práctica diaria, y como herramienta de ayuda al clínico, un valor de PCT ≥ 1ng/ml puede ser utilizado con seguridad como predictor de existencia de bacteriemia (y, por tanto, de indicación de extracción de hemocultivos y administración de antibiótico), tanto en los casos de fiebre sin foco como en la neumonía adquirida en la comunidad3,9, ya que para la predicción de bacteriemia se obtiene un área bajo la curva (ABC-ROC) de 0,92 (intervalo de confianza del 95%, 0,89-1) con una especificidad del 89% y un VPN del 97,8%9, en consonancia con lo comunicado por otros autores que consiguen un VPN>96%, con puntos de corte 0,5-1ng/ml para descartar bacteriemia8. Evidentemente esta herramienta, junto con la valoración y las características individuales de los pacientes (como la edad), y el juicio del pediatra o médico de urgencias, pueden mejorar tanto el manejo clínico de los pacientes como la adecuación de la prescripción antibiótica. Si a este hecho añadimos lo afirmado por Piñeiro Pérez et al.2, «la necesidad de elaboración e implementación de documentos de consenso nacionales para el manejo de enfermedades infecciosas», pensamos que el beneficio del uso protocolizado de una GPC en el SU que incluya la valoración con los BII, como por ejemplo recomienda la Asociación Española de Pediatría para la neumonía adquirida en la comunidad10, se constituye en la intervención clave para mejorar el manejo de esta, y seguramente de otros procesos como las infecciones urinarias y la sospecha de bacteriemia. Pensamos que debemos seguir aunando esfuerzos y que el Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría debe liderar y elaborar las GPC adecuadas para las enfermedades infecciosas más prevalentes e importantes que se atienden en los SU utilizando los recursos comentados.

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Etiología y diagnóstico de la neumonía adquirida en la comunidad y sus formas complicadas.
An Pediatr (Barc), 76 (2012), pp. 162
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