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Vol. 78. Núm. 1.
Páginas 67-68 (Enero 2013)
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Vol. 78. Núm. 1.
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Carta al editor
DOI: 10.1016/j.anpedi.2012.05.022
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¿Debemos esperar a que un niño sufra un traumatismo grave para sospechar un trastorno por déficit de atención hiperactividad? Estudio de casos y controles en pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos pediátricos
Do we have to wait for a child to suffer a serious injury to suspect a hyperactivity/attention deficit disorder? A case-control study of patients admitted to PICU
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V. Crujeiras Martíneza,
Autor para correspondencia
vanecrujeiras@hotmail.com

Autor para correspondencia.
, Y. González Piñeirob, L. Pérez Gayc, J. Eirís Puñalc, A. Rodríguez Núñeza
a Servicio de Críticos y Urgencias Pediátricas, Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, España
b Servicio de Pediatría, Hospital de Lugo, Lugo, España
c Servicio de Neuropediatría, Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, España
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Sr. Editor:

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una condición muy heterogénea, que puede dar lugar a manifestaciones diversas dependiendo de la edad, el sexo y la presencia de factores comórbidos. Se considera que el TDAH es un trastorno prevalente que si no es detectado y tratado de forma adecuada puede condicionar de forma negativa el futuro de los pacientes1–3. El deficiente control de impulsos que suelen presentar estos pacientes y la disminución en su capacidad de atención aumenta el riesgo de que sufran accidentes más o menos graves, de forma repetida4–7.

Con el objetivo de conocer la relación del TDAH con el ingreso en una unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP) como consecuencia de un traumatismo grave, hemos realizado un estudio de casos y controles retrospectivo que incluyó como casos a todos los pacientes traumatizados graves ingresados en nuestra UCIP entre junio de 2009 y octubre de 2010. Como grupo control se incluyeron igual número de pacientes con la misma distribución por edad y sexo, ingresados por otros motivos durante el período de tiempo considerado, elegidos al azar (según una tabla de números aleatorios). Durante el período de estudio ingresaron en nuestra UCIP 435 pacientes. Tanto en los casos como en los controles se revisó la historia clínica y se realizó una encuesta dirigida a la detección de síntomas compatibles con manifestaciones nucleares del TDAH, teniendo en cuenta los criterios diagnósticos de la DSM-IV8. Dicha encuesta fue presencial en los pacientes que precisaron acudir al hospital para otras consultas y telefónica en caso contrario. El número de pacientes con criterios positivos en ambos grupos se comparó mediante la prueba de ji cuadrado.

Se analizaron 18 casos y 18 controles, con edades entre 6 y 17 años y distribución niño/niña (17/1). En el grupo estudio (traumatizados), 12 pacientes (66,7%) cumplían criterios de TDAH, mientras que en el grupo control solo los cumplía uno (5,5%) (p < 0,001). En el grupo estudio, los pacientes con encuesta positiva para TDAH sufrieron con mayor frecuencia accidentes de bicicleta o moto (8 en el caso de los pacientes con encuesta positiva para TDAH frente a 3 en pacientes con encuesta negativa). El tiempo de ingreso en UCIP de los pacientes traumatizados osciló entre 1 y 9 días, siendo la evolución favorable en todos ellos excepto uno (con encuesta positiva para TDAH) que presentó un traumatismo craneoencefálico grave por accidente de moto y evolucionó hacia estado vegetativo persistente y posteriormente falleció. De entre todos los pacientes con encuesta positiva para TDAH solo un paciente estaba diagnosticado de TDAH y no tomaba el tratamiento.

Nuestros resultados indican que en los niños ingresados en UCIP a consecuencia de traumatismos graves es mucho más probable la presencia de un TDAH que en los ingresados por otros motivos (en los que observamos una frecuencia similar a la referida para la población general). Estos datos, aunque limitados por el tamaño de la muestra y el método diagnóstico utilizado (que podría significar un sesgo de no detección de los casos menos evidentes), deberían ser considerados como un argumento más para reforzar la importancia del reconocimiento precoz de este trastorno. A pesar de la relevancia clínica del TDAH llama la atención la escasez de datos acerca de su repercusión mórbida en cuanto al riesgo de sufrir accidentes y traumatismos graves que precisan cuidados intensivos. Por ello, sería importante poner en marcha estudios prospectivos y multicéntricos para tratar de obtener nuevas evidencias que mejoren nuestros conocimientos sobre el tema y sirvan de base para poner en marcha medidas de detección y tratamiento del problema. Consideramos que el TDAH y sus posibles consecuencias deben ser conocidos por todos los pediatras, de modo que se pueda realizar una evaluación y asistencia multidisciplinaria que, entre otros beneficios, debería contribuir a disminuir la incidencia y las consecuencias de los accidentes y traumatismos graves en la infancia y adolescencia.

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